Aquest text el va publicar originalment al seu blog en Julio Basulto

Existe en nuestro imaginario colectivo una idea errónea sobre la lactancia que acompaña de la mano a muchos sentimientos de culpa y de fracaso. Se trata del famoso “dar el pecho es fácil y natural”. Entiéndanme: no estoy diciendo que sea algo harto complicado y para lo que necesitemos un máster del MIT, de hecho miles de millones de humanos y homínidos antes que nosotros han amamantado con éxito a sus hijos. Pero es importante saber que en nuestra especie, junto con el resto de primates y algunos cetáceos, la lactancia no es el mismo acto instintivo que para los mamíferos en general. Quien ha tenido trato con animales de granja, o con gatas y perras que acaban de parir, ha visto como las crías nada más salir del vientre saben prenderse del pecho y como las madres saben también exactamente lo que se espera de ellas.

Sin embargo a las mujeres no nos basta con el comportamiento instintivo para sacar adelante a nuestros bebés. Somos una especie social y en la que la cultura juega un papel fundamental, por lo que en el ámbito de la crianza no iba a ser distinto. Sirva de ejemplo la famosa anécdota de la gorila criada en cautividad en el Zoo de Ohio que dejó morir a su primera cría por no saber qué hacer con ella al carecer de referentes; cuando volvió a quedar encinta los cuidadores contactaron con voluntarias de La Leche League que estuvieron amamantando a sus hijos frente al hábitat de la gorila durante semanas, hasta que esta parió y aprendió a ponerse al pecho al pequeño.

Con esta introducción quería explicar uno de los aspectos por los cuales fuera de una sociedad tribal nos sentimos perdidos y faltos de referentes en la crianza. Y quería hacerlo para tratar de un tema que me parece cuanto menos preocupante: estamos dejando que la industria ocupe el lugar de estos referentes.

Los grupos de apoyo (precisamente la antes mencionada Liga de la Leche) nacieron en los años cincuenta del siglo veinte para intentar recuperar la transmisión de la cultura de la lactancia de mujer a mujer. Se preguntarán por qué uso la palabra “recuperar” y no es por otra cosa que porque la perdimos durante ese siglo. Después de millones de años amamantando con normalidad, en unas pocas décadas la industria nos impuso la cultura del biberón apoyándose en agresivas campañas de publicidad (algunas dirigidas directamente a la autoestima de las madres haciéndolas creer que no eran capaces de alimentar correctamente a sus hijos por sí mismas, otras al personal  sanitario para convencerles de que su producto era superior a la leche de la propia especie).

Con el paso de los años y la aparición del Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna de la OMS y Unicef (que distintos países, entre ellos el nuestro, incorporaron total o parcialmente a su legislación) la mayoría de prácticas poco éticas pasaron a ser ilegales. ¿Significa eso que la situación se está revirtiendo y que se acabaron las prácticas comerciales agresivas? No, o no en todos los casos, por desgracia http://www.europapress.es/internacional/noticia-sancionados-13-medicos-enfermeras-recibir-sobornos-danone-recomendar-leche-polvo-infantil-20131014161420.html. Pueden pensar que este último ejemplo se ha dado en la lejana Asia, que aquí las cosas son distintas y el comportamiento de las autoridades sanitarias y las marcas es impecable. Y no, mal que nos pese aquí también tenemos comportamientos éticamente muy cuestionables como la publicación por parte del Departament de Benestar Social i Família de la Generalitat de Catalunya de la guía “Un infant: quina il·lusió!” en colaboración con un grupo de (agárrense) ¡14 fabricantes de productos relacionados con la puericultura y la infancia! de entre los cuales 5 son empresas de alimentación.

Se trata de un librito que desde hace unos años se envía a las casas en las que recientemente ha aumentado la familia. Viene respaldada por un diseño cuidado y las preciosas ilustraciones de una famosa dibujante. La primera parte es un compendio de consejos bastante obvios para los padres primerizos, mientras que la parte final la han cedido por completo a las marcas, de modo que sobre el desayuno escribe un fabricante de azúcar chocolateado para la leche (Cola-cao) y sobre lactancia uno de leches artificiales (Blemil). No hay bibliografía, ni una sola referencia contrastada a recomendaciones de sociedades científicas.

Por si con esta guía no tuviéramos suficiente, al cabo del tiempo el mismo Departament de Benestar Social i Família de la Generalitat publicó la continuación bajo el título “Un infant que creix”. Siguiendo la misma estructura que la anterior, en este caso son 12 las empresas de ámbitos de lo más diverso que intentan influir en las familias catalanas con hijos a partir de 3 años. De hecho, la publicación se distribuye en muchas escuelas infantiles.

Si releen el título de este artículo ya se pueden hacer a la idea de mi opinión sobre la actuación de las autoridades que han entregado a la industria una herramienta publicitaria con implantación en todos los hogares con niños de Cataluña. (Si les interesa una opinión más fundamentada que la mía, aquí pueden leer el artículo que le dedicaron desde la asociación Mammalia).

¿Y la actuación de las empresas? Pues han hecho lo que se espera de ellas: promocionar su producto. En lo referente al tema que más conozco, la lactancia, puedo apreciar que no aparece más que de pasada la imagen de una madre amamantando mientras que hay biberones en muchas otras, lo que convierte en excepcional el comportamiento normal y en norma la excepcionalidad. Las recomendaciones sobre la duración de la lactancia y el inicio de la alimentación complementaria varían de un fabricante a otro (obvio) y en ningún caso coinciden con las oficiales de la OMS o del Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría ni con la evidencia científica. Podría afirmar que sin decir ninguna mentira flagrante tampoco se cuenta la verdad, de modo que se crea todavía más desinformación lo que lleva a la confusión de madres y padres primerizos que, recuerden, necesitan de unos referentes a los que nuestro modo de vida actual les dificulta el acceso.

¿Acaso nos parecería lógica la publicación por parte del gobierno de una hipotética “Guía para afrontar la pérdida de un ser querido” patrocinada y redactada por los laboratorios fabricantes de fármacos antidepresivos? Pues todavía con más razón no debiera parecérnoslo que la administración permita que sean los fabricantes de dulces los que nos expliquen cómo proporcionar una merienda saludable para nuestros hijos.

Si en su momento me parecía grave que una famosa empresa de supermercados regalase una “canastilla” llena de productos promocionales y publicidad a la mayoría de los recién nacidos, mucho más me lo parece cuando es la propia administración la que pone a los lobos a pastorear. Tomemos conciencia y exijamos una actuación impecable y ajustada a la evidencia científica y al bienestar comunitario por parte de las autoridades, tal y como ha hecho en otras ocasiones el Departament de Salut de la misma Generalitat de Catalunya. Como no es de recibo denunciar sólo las actuaciones poco ortodoxas, cierro el artículo, precisamente, con los enlaces a dos publicaciones de l’Agència de Salut Pública, coordinadas por las nutricionistas Gemma Salvador y Maria Manera, que sí que merecen un aplauso unánime por su contribución a la promoción de la salud poblacional:

Roser Jordà

Imatge de l’interior de la guia “Un infant que creix”
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